Conjunto Arqueológico-Natural de Santomé

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Acceso libre

Lugar de encuentro entre la naturaleza y el pasado, Santomé es un magnífico bosque autóctono que esconde un yacimiento arqueológico donde conviven la cultura castreña y la galaico-romana.

A escasos tres kilómetros del centro urbano se encuentra este complejo arqueológico, imprescindible para conocer una parte fundamental del pasado de la ciudad. En él concurren los valores históricos (característicos de un complejo yacimiento arqueológico) con los naturales, derivados de un contorno que no solo conserva una vegetación peculiar sino que disfruta de un emplazamiento privilegiado, con impresionantes vistas sobre la ciudad.

Desde una perspectiva arqueológica, Santomé destaca por ser uno de los pocos ejemplos de la Península donde aún se puede observar la convivencia, en el tiempo y en el espacio, de dos culturas muy diferentes: en la parte más elevada, restos de un castro, población fortificada propia de las cultura castreña (pueblos celtas de la Edad de Hierro); en la llanura, una típica villa galaico-romana. Ambos datan del siglo I d.C., lo que pone de manifiesto cómo los modos y formas romanas convivieron en perfecta simbiosis con las tradiciones anteriores, creando modelos que van a pervivir mucho tiempo en la Galicia rural. 

Su situación privilegiada sobre el río Loña (que actuaría como un elemento defensivo más del castro) proporciona una espléndida vista sobre la ciudad y las «marmitas de gigante» que el río ha modelado en la piedra.

Pero además, Santomé es un bello ejemplo de bosque tradicional del valle ourensano, de clara tendencia mediterránea, en el que destacan los robles mezclados con los alcornoques, encinas y variedades de pinos, además de una gran cantidad de madroños. Se encuentra en un risco sobre el río Loña, que actuaría como un elemento defensivo más del castro: al visitar el lugar, merece la pena bordearlo para disfrutar de las vistas sobre las «marmitas de gigante» del río, enormes piedras erosionadas por los remolinos del agua.

Un recorrido cronológico

Desde el punto informativo, el camino se adentra en el poblado castreño, en el que las excavaciones arqueológicas más recientes descubrieron una unidad completa del mismo, a modo de barrio, en el que a través de una calle central y una plaza se van articulando diferentes viviendas (superpuestas algunas de ellas) que abarcan un período desde el siglo I a.C. hasta el siglo II d.C. En la parte superior se encontró también una torre fortaleza que daba acceso al mismo.

Se sale del poblado por una calle adoquinada de la que se conservan más de 30 metros del trazado original. Al fondo se conservan algunos restos de la primera villa galaico-romana, que pertenece al siglo I de nuestra era, lo que significa que convivió con el poblado castreño.

Ambos asentamientos fueron abandonados en el siglo II d.C. No sería hasta un siglo después que la zona es ocupada de nuevo siguiendo los modelos tradicionales romanos. Se trata de dos unidades constructivas con ligeras diferencias.

Así, la primera casa (que se encuentra cerca de la caseta informativa) conserva el patio, que recuerda al atrium romano. En la segunda, que consta también de patio, sobresale la escalera de acceso a un piso superior, y una habitación en la planta baja con un excepcional sistema de calefacción (la trébede) y que deriva del hipocaustum romano.