Puente Nuevo

Fue el segundo de los puentes sobre el Miño, construido con los cambios que transforman la ciudad a finales del XIX. Su arco metálico recuerda a los diseños de Eiffel.

Es el segundo puente en la cronología ourensana: su inauguración, a comienzos del siglo XX, trajo consigo el título de «viejo» para el Puente Mayor, hasta entonces el único sobre el Miño. El diseño modernista de su arco central nos recuerda las creaciones de Gustave Eiffel.

La historia del puente comienza en 1895, años de tranformación de la ciudad, cuando el diputado en Cortes D. Vicente Pérez inicia las gestiones para la construcción de un nuevo puente sobre el río Miño que descongestione el Puente Mayor.

Bajo el diseño del ingeniero Martín Díaz de la Banda, se terminaron las obras y fue inaugurado en 1918 con el fin de facilitar y mejorar la comunicación de las dos orillas. La piedra utilizada en la fábrica del puente procedía del cercano pueblo de Outariz, y era labrada por canteros de Cotobade (Pontevedra) bajo la dirección del propio Díaz de la Banda.

Anclas, puentes, hojas de roble y otros motivos decoran los bajorrelieves de los arcos en piedra de los extremos de este puente, símbolo del esplendor del Ourense de principios del siglo XX.

Consta de seis arcos de sillería y un tramo metálico de arco parabólico con 74 metros de luz. En los extremos, la disposición, de izquierda a derecha, es de tres arcos de medio punto de 12 metros de luz, seguido de uno de tipo carpanel de 25 metros de luz. Una vez salvado el río de nuevo dos arcos, el primero carpanel y el segundo de medio punto de idéntico tamaño a los primeros. En la parte superior se encuentran unas farolas de fundición realizadas por los Talleres Iglesias de Madrid.

Se encuentra situado aguas arriba del Puente Viejo, a 450 metros de distancia.